Tantos recuerdos

Desde la puesta en línea de este sitio, cinco años pasaron, al igual que entre la primera visita de Nana en Quebec en 1965 y el momento en que conocí su música. 1970 es también el primer año en que tengo tantos recuerdos. Me acuerdo muy bien del día de mi quinto aniversario en que me habían ofrecido una carretilla. De la dolorosa vacuna contra la viruela algunos días antes de mi ingreso a clase de párvulos. Cuando se cayo mi primer diente. Yo no olvido tampoco los momentos pasados en familia; nuestras excursiones en motonieve y nuestras vacaciones de verano en Nueva Jersey. Cuando miro nuestras películas familiares de esta época, me parece que me acuerdo de todo.

Desde el principio de su matrimonio, mis padres habían hospedado Monique, la hermana de mamá. Ese año, tenía 21 años y comenzaba su carrera de enfermería. En casa, pasaba mucho tiempo con mi hermana y conmigo, tanto que la considerabamos como una gran hermana. Era desbordante de atenciones. A cada uno de nuestros cumpleaños y a Navidad, siempre estábamos seguros de tener bonitos regalos. Era una apasionada de la lectura. Encargaba colecciones completas de libros y compraba también discos. Tenía debilidad por el blues y el folklore pero tenía preferencia por la Canción francesa. Involuntariamente, contribuyó a mi iniciación musical.

Puesto que el tocadiscos estaba en mi habitación, mi tía ponía sus discos en el mueble debajo. Había: El Principito, la orquesta de Percy Faith, London À Go Go, Jacques Brel, Eva, James Brown, el pianista Crazy Otto, Los Calchakis y por supuesto el de Nana. Tomaba placer de notar los pequeños detalles tanto sobre las carátulas que sobre las etiquetas. El álbum de Nana es el que más me llamó la atención. Era su primer álbum en vivo grabado con los Atenienses en el Olympia de París.

La día antes de que descubra el disco de Nana, mi tía se fue a Montreal con una amiga. Cenaron en Da Giovanni, un reputado restaurante para su excelente pizza. Después fueron a ver los discos en Archambault Musique, situado justo al lado. Mi tía había decidido de comprar este álbum. Como llegó tarde a casa, no lo puso en su mueble para no despertarme. Ella lo había dejado a la vista sobre la lavadora y fuera de su bolsa. La mañana siguiente, era el primero en levantarme y no pude pasar sin verlo. Al observar la carátula, tenía la extraña impresión de conocer ya a Nana. ¿Pero dónde había podido verla antes? Picado por la curiosidad, yo tenía un único deseo; que me lo desellen para oírlo. Debí apreciarlo, ya que me lo tocaron varias veces. Me acuerdo muy bien que en las tardes, me gustaba escucharlo en la oscuridad, fijando la lámpara del pasillo. Era sin duda una manera inconsciente de querer reconstruir el ambiente que reinaba esa noche en el Olympia. Tras tres días, mi tía decidió recuperar el disco y ponerlo sobre el último rayo de su biblioteca donde era inaccesible para mí. Finalmente, poco después, me lo regaló. Desde entonces, podía escucharlo tantas veces que quería.

Al mismo tiempo, estaba en mi pequeño mundo y prendado de los personajes de mi infancia: Gumby y su caballo Pokey (figuritas de goma), Winnie Pooh (álbum para colorear) y La Souris verte (El Ratón verde), un personaje de programa que miraba diariamente en la televisión. Pero no me cansaba de escuchar Nana que dio un concierto en mi ciudad el día de su cumpleaños. Muchos años más tarde me dirán que la secretaria del teatro le había ofrecido flores. Desgraciadamente, no he ido porque mis padres no me lo habían dicho. Durante años, me pregunté porque. Juzgaban seguramente que era demasiado pequeño para asisir a un concierto. En cambio, algunas semanas más tarde, tuve el privilegio de verla por primera vez en la televisión en el programa de variedades "Zoom".

Algunas semanas antes de Navidad, había percibido el disco La Souris verte (El Ratón verde) por casualidad y uno de Nana había caído del guardarropas…Eso me había merecido una reprimenda por haber supuestamente registrado, ya que estos dos discos eran una parte de mi regalo de Navidad, lo que no sabía. Pues debía absolutamente olvidar eso. Para que no tenga dudas, mi tía había tomado la precaución de poner un cartón entre la base de los dos discos para dar al embalaje una forma diferente; aquélla de un triángulo. Conservo un recuerdo muy preciso de esta vigilia de Navidad 1970. Durante la distribución de los regalos, Papá Noel me dijo: «Mira, decías que tu padre era Papá Noel.» Sin embargo, sabía que era un otro hombre aunque no había reconocido a mi tío. A mi regreso a la escuela, estaba orgulloso enseñar mis regalos a mi profesora. A mi sorpresa, me dijo que su marido tenía un disco de Nana porque es Griego. El día siguiente, ella lo trajo en la sala de clase y lo tocó.

A cinco años de edad, no sabía ni leer ni escribir, pero ya tenía el sentido de la observación y una memoria extraordinaria. Un día, mirando en la pila de discos de mamá, solamente a la vista de la etiqueta, reconocí un single de Nana. Como se anuncian varios discos en el reverso de la carátula de mi nuevo álbum, eso significaba que había otros que yo no tenía…Creo que la curiosidad que me incitó a pegarme a tales detalles contribuyó a desarrollar mi memoria y ciertamente mi determinación de recoger los discos de Nana. Ese año, tuve la impresión que mi vida comenzaba. Sentía que iba a guardar recuerdos de todo lo que me pasa. Todo eso, era 40 años atrás, pero es también la edad que tenía cuando lancé este sitio.